Opinión- YAYO H- Los Aplaudidores. Jueves 7 de junio

Antes que nada, mi repudio a cualquier ataque a periodistas, no importa en qué medios trabajen.

Un puñado de temas puntuales y escasos en esta oportunidad.
Si se analizan bien las encendidas defensas de Pichetto y Fernández ¿Cómo no elegir a Reposo para Procurador General? El hombre era menos letal, y mucho menos preparado políticamente hablando, que los Senadores que por orden ejecutiva le sostenían el paraguas, aunque igualmente los tres, y unos cuantos mas, no pudieron evitar mojarse. Esta vez, y como desde hacía años no ocurría, la UCR salió indemne. Es el reflejo de la oposición que deseamos ver.

Dando vuelta la página, solo un periodista, al que hasta hace algún tiempo escuchaba cada tanto, y una Presidenta que tuvieron la habilidad de superar la cifra de los seis ceros en sus ahorros, y nada menos que en Argentina, pueden darse lujos, que la mayoría del resto de los argentinos no podemos darnos. La congratulación mutua y pública de uno hacia otro en cadena nacional, haciendo desde ahora lo que debieron hacer antes y sin tanta alharaca, no viene a conformar al espectador inteligente. Aunque el propósito sea bueno, no puedo sacar “chapa” de lo que lo moral me exige en forma reservada. Se trata de un concepto direccionado a mentes aplaudidoras.

Y ahí estriba el problema mayor; cuando La Primera Mandataria habla a sus Aplaudidores, parece olvidar que tiene cámaras delante y que del otro lado, la mayoría no festeja como su obligado entorno inmediato. Razones sobran.

El problema mayor es que los aplaudidores también pierden la perspectiva de dónde están. Festejan. Festejan sus vidas, fuera del país que los observa.

Esto ocurre cuando en nombre de las mayorías, de a poco, se va gobernando cada vez para menos gente, y como si no fuera suficiente, últimamente los discursos adquieren ese aire personalista de arte escénico, casi histriónico, o casi del sainete de los siglos XVIII, XIX y XX cargados de un dramatismo jocoso, intimista, negadores como discurso de la expectativa de estos días, de lo políticamente esperable, y que me obligan a perpetuarme en la incredulidad. Me empujan inexorablemente hasta la incredulidad. Pero que me fortalecen en la percepción.

No tengo mucho que perder, no tengo dólares, carezco de ahorros, pero tengo algo inapreciable, mi opinión para nada negociable, a diferencia de otros. Debo ser yo. Debo tener un problema de in-adaptabilidad social apara este esquema militante de concebir la vida, o al menos eso creerán quienes desde hace tiempo se han empeñado en rechazar cada hilo argumental que hago público, aunque hasta ahora, nadie recoge el guante y en buena hora oficialistas académicos, algunos, han sabido responderme con respeto, a diferencia de la mirada de algunos funcionarios.

Maximilien François Marie Isidore de Robespierre fue uno de los líderes, la cabeza más sagaz de la revolución Francesa. Su ideario de Libertad construyó legiones de seguidores. Pero de a poco fue imponiendo el terror, y no tardó en iniciar la persecución a quienes discutían su ideario.

Subsumió a sus opositores. Para muchos analistas e historiadores, desarrolló la contraposición entre lo que se llamó Castigo y Clemencia, el castigo justo y severo de los enemigos fue la forma más alta de clemencia, de manera que en ella el rigor y la caridad coincidían en una misma bipolaridad. Llegó a firmar 42.000 penas de muerte sólo en un año en nombre de la libertad, acorralando a quienes no pensaban como él.

Por sus métodos fue juzgado. La guillotina acabó con Robespierre en la Plaza de la Revolución, junto a 21 de sus seguidores. Los seguidores huyen cuando los ciclos se agotan. Esto puso fin al terror en Francia. Fue a partir de entonces que comprendieron que solo podían avanzar en tanto condujeran la política hacia posiciones más Moderadas.

Han pasado más de tres siglos. Nada de esto va a ocurrir en Argentina. Este país no es aquella Francia y lo más seguro es que la Francia de hoy esté peor que Argentina. Sin embargo, lo que se repiten son las actitudes humanas, cuando el poder las saca de su órbita, cuando pese a insistir en lo contrario, quienes mandan no han leído bien la historia, y carecen de sensatez, para repensar obligadamente cada coyuntura. La pasión es buena, tanto que es imposible que gobierne sola cuando siente adoración de sí  misma. Necesitará incorporar la sensatez que en algún momento dejó afuera.
Para eso, debo obligadamente definir in-sensatez: Digamos que se resume en aquellos “docentes que trabajan solo cuatro horas y tienen tres meses de vacaciones”, o en “un abuelo amarrete que antes de creer en sus derechos como ciudadano y abogado, es sospechoso de la industria del juicio”. Traduzcamos mejor insensatez; Es en todo caso Desconocimiento para informa, para Comunicar, en síntesis, para Verse a sí mismo como otros nos ven.

A lo que me refiero es que hay que ser cuidadosos con las palabras, y no equivocarnos al creer que todo el mundo que escucha se resume en esos hombres y mujeres que tengo instalados allí delante. Lo primero de lo que tengo que convencerme, es que difícilmente me contradigan, ya que viven de mí. Por el contrario, quienes pueden ayudarme a crecer, y a edificar, no están precisamente ahí. Las calles reprodujeron lo del abuelo amarrete, no la necesidad de convertir dólares en pesos. La falla, además del carácter pretendidamente impuesto, es netamente “comunicacional” independientemente de la intensión.

Esas expresiones obligan a la mayoría de los espectadores, y sobre todo a las mujeres, al riesgo de retroceder, antes de valorar otras cosas que hasta pueden ser positivas. Salvo los diarios, nadie habló de traspaso del área de Transportes al ámbito del Ministerio del Interior.

El problema está en creer y convencerse que una mayoría en las urnas nos habilita a todo. Ese es el segundo error. Cuando lo que una mayoría nos exige en las urnas es gobernar bien, con imparcialidad, aplicando la justicia en todo, aunque ese todo de a ratos me desafíe o me resulte adverso. Ser  contestatario no me exige estar a la ofensiva, desmadrando lo que se espera de mí. Porque si pierdo la Imparcialidad, pongo en riesgo mi Legitimidad.
En Política, Carácter, no significa Enojo. Carácter es Sabiduría, enojo es Temor, o Inseguridad.

Me preocupan más las decenas diarias de mails que tenemos que responder, impotentes, de escuelas de distintas provincias, de ONGs. Sin gas, sin ropa o comida, justo ahora que Dios o no sé quien, olvidó el aire acondicionado encendido para todos. Lugares donde el crecimiento discursivo no ha llegado, ni ahora, ni antes. Y el real crecimiento económico del 8% dejado atrás, tampoco. Me refiero a esa pobreza que no ha cambiado, a esa desigualdad que continúa, a esos gobernadores arrodillados, obligados a subir impuestos para pagar sueldos, o  parcializárlos, a esa infraestructura inaugurada que quien sabe porqué extraña razón quedó después detenida, ahí mismo, pese, claro, a las teleconferencias. A los aplausos.

Es estrepitosa la decepción cuando trae un ruido.

Como estaremos de mal en el mundo, y Argentina no es la excepción, que el gobierno menos corrupto parece bueno. Y este es precisamente el paradigma a modificar. No lo hicieron nuestros mayores. Deberemos insistir nosotros. No hay otro desafío, más que insistir en que la corrupción de pocos, es la madre de cada capitulación social.
Para cerrar, algunos creen que la salida de Reposo es una derrota para la Presidenta. No observo lo mismo. Creo que la presidenta se libera, por ahora, no precisamente de Reposo, sino de su Vicepresidente, tan afín al fallido candidato a la Procuraduría.
Conceptualmente la Meritocracia puede ser buena, en teoría representa la intensión que por mérito lleguen los mejores. Insisto, en esta meritocracia llega cada amigo, por incompetente que sea, y el sistema hace el resto.

Alguien debe entender que los Estados no son de los Gobiernos, los Gobiernos están para optimizarlos, para articularlos, para administrarlos sin  desconocer la Justicia.

“En la justicia no cabe demora: y el que dilata su cumplimiento, la vuelve contra sí.” José Marti

LA 5PATA.
YAYO HOURMILOUGUE.

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