El Ciclo de la Necesidad.

Cuando la promesa termina en incumplimiento, llega a ser mentira y trae injusticia, la injusticia logra el odio. Y el odio es una herramienta para ciertas cosas. Una de las primeras herramientas humanas tan viejas como las manos o las cuerdas vocales, cuando la desesperación logra destruir incontenidamente.

 

El odio genera actitudes, las actitudes, conflictos; Aquí es cuando la desesperación de muchos, se mezcla con el interés de pocos. Ambas cosas generan oportunidades, pocas, y entran en escena los oportunistas. Hay oportunistas menores que son empujados por las circunstancias, y los hay mayores y de oficio que incitan, estimulan, aceptan y desafían el juego, y llegamos a una escalada que crece masificada-mente, desde abajo, hacia arriba, o sea, llegamos a Lo Político.

 

Y a la vulnerabilidad política, ya que cuando hay presión en una base, hay tensión en la cúpula.

 

Lo que tiene la virtud de detener obligadamente cada movimiento para que la torre no caiga, así, La Política actúa apartando, condenando o aceptando y conteniendo o recibiendo a sus círculos más íntimos, a las lealtades más firmes, aquellas mismas por ahí, que días atrás vieron nacer en ellos mismos, ese primer odio justificado. Son Personas que han llegado hasta un punto en el que nuevamente no deciden, y que ahora, han debido cambiar carácter y pretensiones después de poner la furia afuera y comenzar a recogerla.

 

Aunque ese odio modificará su pretensiones a partir de ir aprendiendo que no todo es blanco o es negro, que no todo es todo, o nada. El odio se recoge. Ahora el poder político es quien ordena y decide, y lo puede hacer precisamente porque es Político, no porque haya muertes, sino porque de continuar la muerte, se puede dañar la pesada maya que cubre lo político. Lo Social es quien querrá evitar cada muerte de verdad. Lo político habrá de preservarse así mismo, aplicando lo mejor que tiene ante la desesperación humana general; Tiempo.

 

El tiempo a favor propio es tiempo en contra para el oponente, sea quien sea ese oponente. Si se equivocó palmariamente, mejor. Se trata en todo segundo de Estrategia. El tiempo es estrategia. El tiempo es dejar que la otra parte política haga. Y mientras lo haga mal, mucho mejor. Es el caso del Príncipe en su dimensión más notable.

Por su parte, el odio justificado tiene la ventaja de obtener un alto porcentaje de lo que inicialmente exigía, y así debe ser. (En todo momento me estoy refiriendo aquí al odio necesario, al inevitable, al argumental).

 

Quería esa tierra, habrá otra y habrá además, conformismo. Si algunos pagaron y se esforzaron años, se obtendrá de otros modos esa tierra, porque lejos de quienes defraudaron, la política ha querido que existan ahora quienes contengan. Y así el odio, que días atrás devino en destrucción y hasta muertes, hoy está a un paso de convertirse en constructor piadoso y pacífico. Y esos son, si se sabe ver bien, los verdaderos cimientos y el costo de todos. Un odio que termina siendo positivo.

 

El Odio Destruye, el Odio Construye, aunque convertido en otras cosas.

 

Más tarde dejará de serlo, no desaparecerá, regresará a su letargo de masa contenida, prohijada por cualquier actitud política. No es libre el odio. Es manejable aunque no lo sepa.

 

El desarrollo comprende el crecimiento, no de la mejor forma, la mejor forma son las escuelas o los cantones suizos, aquí, es a fuerza de perforar lo sórdido y de saber que si una sola persona no puede, el desorden y la desesperanza solidaria  lo convertirá en masa, y la masa en realidad.

 

Y la Política no lo desconoce.

 

No es tan grave, así debe ser. En definitiva hay odios peores que no se ven en cada esquina, en cada casa, en cada des-vivienda, en la peor de las actitudes, en los desgobiernos de pocos días, en despachos colmados. Peores Odios que no estallan, que tampoco descansan, porque son odios fríos. Aquí, y en cada lugar del mundo.

 

Cuando el odio descansa, el miedo asume cada caso cotidiano ya que es imposible vivir sin miedos, pero se prefiere aquel que nos hace conscientes, el que madura de a poco obligándonos a más.

 

El Odio llega cuando ha sido desbordado el último Miedo.

 

Se impone un cambio. Y esto obliga a nuevos rostros sociales y a que por un tiempo desaparezcan los conocidos. Por un tiempo, ya que la política les exige renunciar a sus errores, no a sus intereses, regresaran por ellos. Y hay quienes buscaran protección desapareciendo por prudencia.

 

Nada de malo hay en que después de semejante experiencia, muchos paguen sus terrenos y sus viviendas con lo que puedan y como puedan; la enseñanza está en que las paguen con sus trabajos. Qué bueno sería que un boliviano, un alemán, un español, un paraguayo, un sueco o un chileno engrandezcan de a poco lo que somos, si nos lo permitimos, si se los permitimos.

 

 Pero lo más probable es que antes, reaparezcan los intermediarios del privilegio. Los negociados ocultos y los vueltos, y lo más natural (lo más terrible aquí es escribir la palabra natural), es que se trate de algún argentino.

 

Finalmente las promesas,  las mentiras, la injusticia, los Odios destructivos y los que construyen, los miedos, la vulnerabilidad, el orden, la desesperación y los cambios, la esperanza, todos juntos y sin entenderse demasiado entre sí, acabarán en las urnas. Entonces las urnas dirán quienes somos exactamente, aunque después tengamos cuatro años para discutir los porqués.

 

Hay una duda geométrica; No estoy muy seguro acerca de si los odios fríos, aprenden.

 

Somos la Quinta Pata.

YAYO HOURMILOUGUE.

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