Del mar salió. Del mar que todo sabe, y nada
/dice.
Memorioso, explicó que si perpetúan la
/inquina,
enferman las almas. Y vio el instante en que
/Valdez Cora
contó con índice y palma transpirada, cada bala
que deshuesó a Bordabehere por la espalda.
Carne sedienta siempre la humana; que agoniza
/reclamando!
Imperios convertidos en lacayos.
Lacayos odiando imperios. Al fin, avariciosos
billetes venerados ¿No? El hombre, fárrago de
/querer y no poder,
de poder queriéndolo todo. Los aljibes vacíos,
/ resecos.
Giró al noreste; Sigue-murmuró-
el hierro en el peñasco. Y derecho al norte, aun
/las cruces arden.
El azúcar de las heridas cancerosas no cierra,
desde Medos y Persas. Extremando resudación,
mostró las arrugas saladas de los segunderos.
/Miró al sur;
Todavía Ranqueles mueren, y Araucanos matan
por Pacha, contra Rosas, contra Roca.
Viven allí inmóviles, petrificados. No se han ido.
Es el destierro de la palabra y su geográfica
/esperanza.
La cadena nucleica pierde sus límites, se
desfigura, habita resentimientos de medulas
espinales y cerebros secos. Hay esclavitud
en cada horario, y surgen príncipes mendigos
/odiando el trabajo.
Llaman Patria Ustedes a ese terraplén de dos
ríos y un mar costero de zonas a lo fenicio,
/atiborradas,
Los une el olor a plata. Los separa cada moneda.
Los mata la niñez armada que engendraron.
Navegan sobre tecnología y pobreza.
Esplendor de relojes de arena. Hombres
/multiplicados.
Huesos avariciosos que dobla el peso de una
/física despiadada.
Besos y guerras de ocasos y lunas viejas.
Adolescencia deshecha en ruidos de protesta.
Asfaltos que vibran en mil pisadas sin bandera,
cuando extraviaron calendarios sin fechas.
No hay paz en la violencia, ni odio que repose
/ satisfecho.
En alguna parte un Taíno se mira en el primer
espejo de Colón. La sombra de un Azteca busca
a Cortés, desde el 2 de diciembre de 1547 en
/Castilleja de la Cuesta.
Cuatrocientos sesenta y cuatro años detrás
llegamos a plasmas que devoran libros.
Pantallas que advierten de noches y calles.
Los atan a silencios. A cerraduras inevitables.
A amaneceres enrejados. A primeras luces de
/yerba y cafés con sangre.
Poco queda del amor allí donde los hombres
/vivían.
Donde habitan van faltando pájaros para tanto
árbol, y árboles para tanto humano. Sin sueño
profundo, centinelas, sueñan ustedes en la
primera capa, como despertando sin desearlo.
Bajo bibliotecas oscuras, a tientas, perdieron a
/Fausto,
emulan a Dante sin saberlo. No los salva
Saramago y La Balsa de Piedra. Falta Amor,
/sobran Armas.
Sin tregua, leen la vida como un combate,
desde que incendiaron en el horizonte las
/escuelas.
Sin nada dentro, se encontraran a la vuelta,
con la piel sola, sin valor de estrecharse en cada
/cuerpo.
Sin amores. Sin valores. Sin agua. Sin graneros
/ni cestos.
Vacíos como el penúltimo invierno sin forraje.
Como cruzados que arañan y muerden, tras
/perder sus espadas.
Como indiada sin hembras y blancos sin puertos.
Como santos, arrastrándose en busca de altares
/deshechos.
Como desdentado molinos tras el tornado, unos
y otros, humeantes mamíferos descomunales,
altaneros vanidosos, ignorantes y soberbios,
/nos parecemos.
Y.H.