CGT: “RENOVANDO” LO VIEJO- Por Luis Tarullo

La CGT continúa preparando el terreno para renovar su conducción, que de renovación en realidad no tiene nada, ya que la “novedad”, de acuerdo con lo conocido hasta ahora, será el retorno de sindicatos que se habían ido, como los Camioneros de Hugo Moyano, y una conducción colegiada de tres o cuatro dirigentes. Incluso trascendió que continuarían los hasta ahora cosecretarios generales Héctor Daer y Carlos Acuña.

Como siempre, la expectativa pasa por la postura que sostendrá de aquí en más la central sindical frente al Gobierno nacional, aunque en esta circunstancia la particularidad es que esa definición se adoptará más temprano que en otras circunstancias.

Hay señales de un posible endurecimiento. Por un lado, la resolución de definir la nueva estructura cegetista antes de las elecciones legislativas generales y por otro algunas expresiones de dirigentes, en público y en privado, que denotan una prudente toma de distancia de algunas decisiones oficiales.

Uno de los más contundentes en ese aspecto fue el titular de los trabajadores de Obras Sanitarias/Aysa, José Luis Lingeri, quien advirtió sobre el valor del dólar y la amplia brecha entre el oficial y el paralelo, pero, sobre todo, el proyecto opositor de reemplazo del tradicional sistema de indemnizaciones.

Lingeri consideró que el tema del resarcimiento por despido debería analizarse en algún momento y coincidió con algunas voces oficiales en que la doble indemnización, establecida por la emergencia económica, debería terminarse más temprano que tarde.

Pero hay algunas cuestiones que no se dicen en voz alta y que son las que más preocupan a los sindicatos, que son las relacionadas con las obras sociales, desde hace muchos años en permanente crisis.

Los gobiernos sucesivos, en la política del toma y daca, periódicamente van reforzando las arcas de esos entes de salud con millonarios aportes. En realidad, les van dando a cuentagotas fondos que son de los trabajadores pero que desde la época del menemismo, por obra y gracia de Domingo Cavallo, empezó a recaudar el Estado directamente y luego a redistribuir, generalmente de manera arbitraria.

Desde esa época, más de tres décadas, los sindicalistas, con Lorenzo Miguel a la cabeza, reclamaban una deuda de 3.500 millones de dólares (hoy drásticamente reducidos en esa moneda a raíz de las sucesivas devaluaciones y por la inflación) que nunca llegó a saldarse.

Paradójicamente, por su diferencia ideológica, Mauricio Macri hizo una entrega importante de dinero a los gremios, a los cuales pretendió mantener de su lado para que no le pusieran piedras en el camino.

Pero se sabe que los sindicalistas, curtidos en mil batallas, aprendieron las lecciones y dan cheques a fecha que suelen tener vencimientos cada vez más rápidos.

Encima se sospecha que cuando el coronavirus se transforme en una enfermedad habitual como la gripe común y corriente y las vacunas sean cosa de todos los días, esos antídotos se venderán en farmacias y la gente deberá pagarlas, más allá de la distribución gratis para quienes no puedan comprarlas.

Lógicamente, obras sociales sindicales y prepagas deberán hacerse cargo de una parte del costo, como ocurre con cualquier remedio, y entonces habrá un hueco más a cubrir en las obras sociales. Lo cual sin duda se transformará en un reclamo adicional. Y como lógica consecuencia, ese reclamo tiene precio. Todo es plata, contante y sonante.

Así es que los gremialistas están viendo horizontes que no se despejarán así nomás, sino, por el contrario, podrían mostrarse más nubosos.

Entonces, mirando hacia arriba y hacia abajo (al poder gubernamental y a las bases) vuelven a desempolvar, como lo hacen cíclicamente, el sabio “Martín Fierro”. Lo abren especialmente en la página aquella que dice que “si entre ellos pelean….”, y para que no los devoren los de afuera creen que por ahora les alcanza con “renovar” lo viejo.

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Autor entrada: La 5 Pata

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