Para saber entrar, hay que saber salir-Por Marcelo Bátiz-

Los futboleros con algunos años encima recordarán aquella frase de César Luis Menotti: “para saber entrar, hay que saber salir”. Por estos días muchos la estarán repitiendo en los despachos del gobierno nacional y de varias provincias y municipios, a pocas horas del final de una nueva prórroga del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio.
   A esta altura, todos los funcionarios son conscientes del derrumbe económico que están causando siete semanas de cuarentena, con sus consecuencias sociales y laborales. Pero de la misma manera, todos conocen las dificultades para alcanzar el tan declamado equilibrio entre preservar la salud y al mismo tiempo resguardar la economía. Nadie se anima a dar el primer paso, a riesgo de dar un paso en falso que obligue volver al 20 de marzo.
   No es un dilema fácil de resolver desde la responsabilidad pública, pero no deja de sorprender que el presidente Alberto Fernández, cada vez que hizo referencia a cómo instrumentar la flexibilización de la cuarentena, haya prestado más atención a las salidas recreativas que a las productivas. Para decirlo en otras palabras: se puso más énfasis en que la gente pueda salir a caminar que en que pueda salir a trabajar. Al menos eso fue lo que trasmitió en su último mensaje.
   Al respecto, hay muchas expectativas en torno a qué medidas anunciará antes del domingo 10 de mayo, día en el que vencerá la última prórroga de la cuarentena. ¿O habrá que decir penúltima? Porque las fricciones que quedaron en evidencia no son demasiado alentadoras, si se tiene en cuenta que después de un nuevo reclamo empresario por buscar la forma de retornar al trabajo, el jefe de Estado aseguró que eso sería llevar a la muerte a miles de argentinos.
   Lo cierto es que el riesgo de que algunos resuelvan un levantamiento de la cuarentena de hecho no es una amenaza abstracta. Y no por aburrimiento ni ganas de salir a caminar, precisamente, sino por la necesidad de volver a trabajar después de un mes y medio sin ingresos. La asistencia del Estado, estimada en un equivalente al 2,3% del PBI, no alcanza para compensar una caída de la actividad económica que podría llegar a cuadruplicar o quintuplicar ese porcentaje. Algunos sectores pueden sobrellevar la situación, pero no es ese el caso de los que se desempeñan en la informalidad ni del amplio sector “gris” de la economía. Incluso dentro de la economía formal, hay números sin precedentes en cuanto a caída de producción y ventas.
    En ese aspecto habrá que esperar algunas semanas para que se conozcan los números oficiales de abril, ya que por el momento el INDEC difundió estadísticas referidas a marzo, que de por sí son preocupantes.
  En lo que respecta a abril, la AFIP reportó una caída real de la recaudación de casi 40 puntos porcentuales y los datos de entidades privadas no tienen antecedentes ni en las peores crisis. CAME informó una caída del 57,6% en las ventas de las pymes, pero en el caso de relojerías, el derrumbe fue de más del 80%. Los concesionarios de autos registraron una caída de patentamientos del 88,3% y las fábricas de automotores no produjeron un solo vehículo en todo el mes. Es decir, un desplome del 100%.
    No hace falta aclarar que detrás de esos porcentajes está el riesgo evidente de una mayor desocupación. Tampoco que un cierre masivo de empresas aleja la posibilidad de un “rebote” de la actividad luego del levantamiento de la cuarentena. De ahí la imperiosa necesidad de que las autoridades encuentren la forma de saber salir del aislamiento con el menor daño posible.
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Post Author: La 5 Pata

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