Causas psicológicas del cacerolazo sorprendente.Por Antonio Las Heras

No tuvo otro organizador que las redes sociales mismas. Unos y otros fueron comunicando su deseo de salir a golpear cacerolas un día y horario determinados para manifestar disconformidad con la forma en que los jueces daban arresto domiciliario a los detenidos. De manera que puede argumentarse cuando se quiera, pero lo cierto es que la exitosa convocatoria no tuvo ni un líder, ni un dirigente político a la cabeza, ni nada por el estilo. Realmente fue una manifestación espontánea frente a algo que buena parte de la población entendió que le ocasionaba graves e inmediatos perjuicios.

Encuestas realizadas mostraron que el 82,9% de la población está en desacuerdo con la medida. Difícil alcanzar un acuerdo de semejante mayoría. Mientras, una petición en contra de la liberación alcanzaba más de 580.000 firmas procedentes de toda la Argentina.

La multitudinaria aceptación de la propuesta sorprendió a propios y extraños. Se extendió a lo largo y ancho del territorio y, en algunos lugares, el golpeteo se mantuvo por más de un cuarto de hora. Zonas en las que usualmente este tipo de manifestaciones no tenían eco, ésta vez lo tuvieron y de manera notable.

Lo que, a priori, muchos supusieron que no sería más que una diluida manifestación por parte de pocos, a la mañana siguiente de la noche de los hechos, ya había provocado intentos de explicación desde el gobierno, donde todos se ocuparon en aclarar bien que ninguna relación tenían con la “suelta de presos.” Exhibiendo enorme elasticidad de reflejos de inmediato se informó que presentarían proyectos para iniciar el juicio político a los jueces por haber liberado a esos detenidos.

Mientras tanto, más de un dirigente – tanto oficialista como opositor – buscaba respuestas a lo masivo y contundente rechazo popular.

Empero, hay una explicación muy simple para esto. Lo mismo que sucedió con la normativa de restricción a las salidas de personas mayores de 70 años, generada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. A menos de unas horas de anunciada la idea, arreciaban las manifestaciones en contra. ¿Qué causa esta nueva conducta tan participativa de la población?

Los políticos no están acostumbrados a tales estruendos de parte de la población. Eso demuestra que les falta un buen equipo de asesores en Psicología, Psicología Social, Antropología y Sociología. De haberlo tenido y consultado, les habrían explicado que las variables intervinientes en las reacciones psicológicas de personas sometidas a una cuarentena sin fecha de terminación son absolutamente diferentes a las que se tienen en tiempos, llamémosle, “normales” donde cada quien tiene ocupada su atención en variados asuntos.

El aislamiento social otorga más tiempo para estar atentos a cuánto está ocurriendo. Sólo algunas semanas atrás el ritmo cotidiano – caracterizado por lo vertiginoso – impedía esto. Además, hay que tener en cuenta que la gente tiene más vigente que nunca la idea del peligro a perder la vida. Por ello, toda situación asociada a un riesgo de vida personal o de los seres queridos que surja, merecerá la inmediata atención.

Ya conocemos que la violencia familiar así como situaciones de violencia de género se han incrementado en estas semanas. Eso es lo evidente. Es lo directo. Pero lo que no se ha explicado de manera suficiente, es que a raíz de esta nueva forma de vida iniciada de inmediato, sin preparación previa ni aviso alguno, se va generando en el psiquismo humano una tensión, un malestar, un estrés, que no es otra cosa que violencia acumulada la cual, de una forma u otra, busca una salida, una descarga, una manera de disolverse. Las prácticas deportivas pueden ser una de ellas. Pero, claro, en cuarentena los gimnasios están cerrados y se encuentra prohibido salir a correr por las calles. Todo esto sensibiliza a cualquier humano. Lo torna más permeable a manifestar – de la manera más contundente que le sea posible – su malestar. Esto es algo que deberá ser tenido en cuenta por los gobernantes. Las decisiones que al entendimiento de la población les pongan en peligro de riesgo la vida o limiten la libertad personal de manera evidente y directa, tendrán como consecuencia expresiones inmediatas de repudio. Se trata de una manera útil de canalizar esa tensión interna contenida. El Arquetipo de la Sombra en su vertiente positiva, habría dicho el sabio suizo Carl Gustav Jung. No hay necesidad de ser un profundo conocedor de la Psicología para tener en claro la descarga de tensiones que implica estar un cuarto de hora golpeteando algún cacharro de cocina.

A partir de estas comprobaciones, los gobernantes deberán estar muy atentos a lo que decidan hacer, para evitar tener – luego – que esmerarse en dar explicaciones que, por lo usual, no nos resultan convincentes.

 

 

 

Antonio Las Heras es doctor en Psicología Social, magíster en Psicoanálisis, filósofo y escritor. e mail: alasheras@hotmail.com

 

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Post Author: La 5 Pata

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