NI UNA MENOS

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Si el espacio público es donde mostramos lo mejor y lo peor que somos capaces de hacer, ahí está, un año después, el mismo clamor desesperado: Ni una mujer menos en esta vida, ni una mujer más muerta a manos de un hombre, los que dicen amarlas, sus novios, amantes o maridos. Esos dramas individuales que conmueven cada día desde la televisión y los diarios en los que se reproduce la misma saña, la misma violencia y la misma obsesión por hacer de la mujer un objeto propio. En su mayoría, jóvenes que pagan con la vida sus intentos de vivir fuera de las garras de hombres posesivos o las que desaparecen en la perversa red de los que trafican con las mujeres y cuyos rostros nos increpan desde los scanners de los aeropuertos.

 

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Como en tantas otras estadísticas ostentamos un record incómodo, ser uno de los países de Sudamérica en el que se mata a más mujeres. Es probable, también, que en ningún otro país se haya gestado un movimiento como el de “Ni Una Menos”, ideado por un grupo de periodistas que nos alarmaron acerca de ese fenómeno sobre el que debemos trabajar. En primer lugar, insistiendo en la aplicación de la Ley 26.485, sancionada siete años atrás para “prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales”. O sea, prevenir con una educación adecuada a nuestras niñas y adolescentes para que las mujeres se respeten a sí mismas, sin caer en la tentación de los que ofrecen fama, dinero o malos amores. Para que jueces y policías defiendan y protejan a la mujer en vez de humillar a las más pobres por los prejuicios y  estereotipos que los llevan a desconfiar de los golpes y moretones que muestran cuando hacen las denuncias. Y sobre todo nos debemos un debate profundo para poder entender qué sustenta la violencia contra las mujeres.
Porque cuando hablamos de violencia, hablamos de la violación del derecho fundamental a la vida, a la integridad, a la libertad, es que el Observatorio de Derechos Humanos del Senado de la Nación se suma a ese clamor colectivo: ni una mujer menos en este maravilloso tiempo en el que las mujeres gozamos de los derechos que se les negaron a tantas. Resta que los hagamos carne en nuestros corazones y en nuestra cultura de convivencia.
Norma Morandini
Directora
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Post Author: Editor

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