El estado del agua en el mundo

Un análisis sobre las perspectivas que proyectan un aumento en el consumo de agua a nivel mundial, lo que sumado a los efectos del cambio climático pronosticaría un grave problema en lo que hace a la disponibilidad del recurso en el futuro.

El agua ha sido un recurso natural fundamental para el desarrollo de la sociedad en que vivimos a lo largo de la historia; sin embargo el desarrollo económico y el incremento en los estándares de vida han aumentado la presión sobre este recurso hasta convertirlo en un recurso escaso. Es en este contexto donde se ha reabierto recientemente el debate acerca de la posibilidad de que nuestra sociedad esté experimentando una crisis del agua, que se espera se acentúe en un futuro. Esta crisis del agua tiene ramificaciones que afectan a la agricultura y la seguridad alimentaria, los asentamientos humanos y los conflictos geopolíticos, el sector energético o la conservación de la biodiversidad, entre otras.

Los patrones de uso del agua actuales a nivel mundial están dominados por la agricultura, que supone más del 60 por ciento del total. La energía, los usos industriales y domésticos representan más del 20 por ciento del total y se sitúan en segundo lugar. Las perspectivas para los próximos cuarenta años proyectan un aumento en el consumo de agua vinculado al crecimiento poblacional y al aumento en el consumo de alimentos, energía y otros bienes con una huella hídrica elevada. Este aumento en el consumo, unido a los posibles efectos del cambio climático en el ciclo hidrológico, supondrá una mayor presión en lo que se refiere a la cantidad, la calidad y la disponibilidad del agua en el futuro.

Hoy en día ya existen numerosos lugares donde la disponibilidad de agua no puede cubrir las necesidades de los distintos usuarios. Regiones importantes para la producción mundial de alimentos, como el norte de China, el Medio Oeste de Estados Unidos o el norte de India están sobrexplotando sus fuentes de agua subterránea. Al mismo tiempo, la desigual capacidad de respuesta de los países con respecto a la falta de agua provoca situaciones dramáticas como las hambrunas que han vivido países como Somalia, Sudán o Etiopía. Por otra parte, también existen problemas importantes en cuanto al acceso al agua potable y al saneamiento para asentamientos humanos, uno de los objetivos de desarrollo del milenio.

En zonas áridas como el Medio Oriente, el suministro de agua potable en las ciudades se ve cortado durante semanas, hecho que está generando tensiones sociales entre países. Por último cabe destacar que en muchos lugares los caudales ecológicos no están siendo cubiertos, lo cual supone la degradación de los distintos ecosistemas. Un buen ejemplo de esto es la rapidez con la cual la desertificación está avanzando en muchos lugares del planeta.

La escasez del agua no se ve afectada solamente por la cantidad disponible, sino también por la calidad. En zonas más áridas con sobrexplotación de acuíferos el aumento de la salinidad en el agua es un problema.

Por otra parte, las actividades industriales, la minería, los fertilizantes agrícolas o la falta de tratamiento de las aguas residuales están generando contaminación en el agua por metales pesados y otras sustancias en un gran número de países.

La creciente presión sobre el agua y la importancia de este recurso para el desarrollo sostenible de la sociedad hace necesaria una gestión más efectiva para evitar situaciones críticas.

“La escasez del agua no se ve afectada solamente por la cantidad disponible, sino también por la calidad”.

David Corderi. Economista especializado en políticas de agua, agricultura y energía. Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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