Columna de Opinión. YAYO H.- “El Monumento a la Bandera en 2013”

Imagino a Manuel Belgrano, y la primera bandera allá sobre las barrancas del Paraná. Su tropa sin alimentos, sin pilchas, con menos que lo justo. Un Belgrano diferenciándose del poder de Buenos Aires, que lo enviaba al norte para combatir contra un ejército que lo superaba en número. Sin esfuerzo imagino al mismo Belgrano empobreciéndose, gastando lo que le quedaba de su propio bolsillo, ya que el poder central no le mandaba dinero. Murió donando su sueldo para construir escuelas. Solo una llego a hacerse. Y más por vergüenza que por responsabilidad y respeto. Intentó una Independencia y una Justicia, por las que murió creyendo.

Y veía hace horas, a Boudou, a Rossi, al gobierno en definitiva, ninguno de ellos pobres, y hasta donde sepamos sin donar nada de sus ahorros que tanto han multiplicado, aplaudiendo desde ese mismo lugar en que Belgrano subió la bandera por un mástil improvisado, aplaudiendo decía, un discurso desafiante contra la Justicia, feroz, casi grosero, contra una Justicia que sin dudas habrá que corregir, pero al mismo tiempo es esa Justicia la que representa lo último que tenemos cada uno de nosotros. Lo último que aguarda por alguno de ellos, aplaudidores profesionales, desde luego.

Hay una gran diferencia entre honrar la Justicia, a pretender tener siempre la razón a cualquier precio. Lo que parece no verse, es que no se intenta reformular la Justicia solamente, lo que se intenta en lo inmediato es forzar cada miembro de la Corte con presiones indisimulables, olvidando quien generó esta misma Corte; Néstor Kirchner. Acaso, su mejor decisión. Ahora, pareciera pretenderse avanzar contra lo sistémico, lo que de por sí, es y representa otro tema, no solo la Justicia como Poder Independiente. Sino algo que va más allá de la Constitución. El primer error del gobierno, o uno más, es no enfocarlo desde donde debería hacerlo.

Pretender reformular el Sistema es válido cuando se es progresista, sucedió de 1789 a  1794 en Francia, pero éste no es el caso. Intentar reformularlo cuando el sistema ya no contiene tanta aspiración autocrática propia y la repele, representa una falta de respeto intelectual. Lo autoritario jamás fue reformista, ni revolucionario, es su antítesis.

No estamos preparados social y culturalmente para aceptar sistemas de gobiernos de una sola persona. En tal caso, estamos preparados para repeler tal intencionalidad. El Kratos, gobierno o poder, y el Auto, un gobierno por sí mismo, resultan vanos y no tienen asidero en ningún promedio de argentinismo medio, sobre todo con nuestra historia. Digamos que no tiene asidero tampoco en lo territorial, ni en ninguna urna. No hay listas autocráticas en Argentina, y nadie que gobierne o haya gobernado, salió de ellas, a no ser por deformación. La explicación puede simplificarse, en una Democracia, la autocracia no es más que una “Deformación” que surge como resultado de las urnas, pero no por lo que aquellas decidieron.

De allí, creo, la confusión presidencial. Definitivamente lo más grave es que el único camino de la Autocracia, provoca el surrealismo que se genera en la misma persona autocrática. El autócrata cree que sucede aquello de lo que se convence. El foco, se pierde. El tiempo también. Y el aislamiento llega solo.

Así como no puedo comparar peras con manzanas, un Presidente y un Juez, son cosas diferentes. Complementan un país. No se invaden.

Argumentar que es preferible mañana ser Jueza antes que Presidenta, nos ubica ante una realidad que no puede pasar desapercibida. No representa otra cosa que claudicar, pero no ante lo que se expresa, sino ante la impotencia de no saber comprender lo que sucede ahora porque el esfuerzo autocrático obliga a orientar el discurso hacia aquello que como masivo se piensa propio. En ese caso, el Espíritu Autocrático, impide, por infinidad de razones, ver la realidad actual. Hay una ausencia de lectura acerca de cada prioridad, porque la prioridad es uno mismo, antes que el resto. La Autocracia no es el fin de ningún país, como mucho, hace perder su tiempo. Es en sí, el inicio del fin, para el propio gobierno, cualquiera sea y para cualquier gobierno que la practique.

No hay Gobierno que no empiece y termine, no hay Autocracia que no empiece y se suicide.

LA 5PATA.

YAYO HOURMILOUGUE

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