Opinión. YAYO H. La Civilidad Urbana.Malvinas. La 5PATA


La situación actual de Malvinas Argentinas, desde ya, es muy diferente a la que se dio entre 1829 y 1833, y también muy diversa a la de 1982.

El camino actual proporciona otras posibilidades, independientemente de hechos violentos y reiterativos dentro de nuestro país, como desabrocharse la camisa a la altura del pecho por Malvinas. Como si no supiéramos de qué y hasta dónde son capaces los ingleses. No van a renunciar a lo ilegítimo, no van a conceder. Y nadie puede pensar en otra guerra porque sería el absurdo mayor.

La emancipación Malvinense a nuestro legítimo favor, es un tema que la movilización en las calles no puede resolver directamente, tampoco aportar algo, no porque no deba, sino porque la decisión es política, histórica y al más alto nivel. En este sentido, apoyar o criticar a la Presidenta, o golpear a Díaz Bancalari no resuelve nada. Menos aún cuando lo que se busca es una pensión, a mi juicio merecida, aunque se haya estado en la zona continental durante la Guerra fabricada por la Dictadura en el 82, pero que nuestros legisladores, los mismos que auto-incrementaron sus dietas, hasta ahora no se ocupan de resolver.

Tampoco es un avance aplaudir discursos que en este momento cualquier gobierno pondría en práctica, ante la naturaleza de los hechos y la época actual.

Acorralados todos en un mundo global, y con cambios notables en el mediano plazo en política internacional, sumado a nuevas potencias emergiendo en oriente y con Brasil aquí al lado, y considerando que Argentina no es a los ojos del mundo la de 1982, la única solución es ir poblando Malvinas de argentinos, sin violencia. Comenzar por lo que podríamos llamar; Un emprendimiento de “Civilidad Urbana”.

¿Puede un argentino hoy radicarse en Inglaterra? ¿Puede un inglés venir a vivir a Argentina? Políticamente y estratégicamente, y tomando un horizonte de veinte a treinta años, al menos diez familias argentinas deberían radicarse en Malvinas, con el único fin de trabajar y producir, multiplicándose de a poco. Esa sería, la más certera reconquista, para lograr en el plazo mencionado, no solo una ocupación civil importante, sino lo socialmente vincular para convivir con cada Kelper. ¿Utópico? tal vez, sobre todo porque en algún momento los ingleses pondrían trabas elementales además de las que ya existen, pero es el único camino probable. Y esa y no otra es la propuesta que hay que llevar a la ONU ahora que ha aceptado mediar en el conflicto.

Los ingleses no van a entregarlas, no anida en la mente inglesa devolver una porción de su conquista, a no ser que se negocie por algo mayor. Históricamente han sido así.

Argentina debería recuperar los pasos que por razones de fuerza y por la naturaleza de aquellos días, Luis María Vernet y Antonio Rivero, perdieron.

Vernet llegó a Argentina a los veintisiete años. Provenía de Norteamérica, de una familia francesa, Hugonota. Por su habilidad comercial y la relación con Jorge Pacheco a quien conoció aquí, obtuvieron la licencia para la producción del ganado vacuno y la explotación de los lobos marinos de la Isla Soledad. Allí se radicó Venet, y no tardó en ampliar cada uno de los rubros, comenzando rápidamente por la cría de ovejas, y de caballos, y hasta se encargó de que viajaran científicos para un mejor conocimiento de la isla.

Para 1829 ya la había ocupado en forma completa. Trabajaban familias enteras, produciendo, urbanizando y recuperando construcciones destruidas. Fue para el diez junio o poco después, que decidió establecerse definitivamente en la Isla Soledad. De tal modo que su nombramiento, visible para la política continental en esos momentos, no se hizo esperar, y lo nombraron Primer Comandante Político Militar en las Islas Malvinas. Juró bajo la bandera asumiendo el cumplimiento de la legislación argentina, además del cuidado de sus costas y de la riqueza ictícola del lugar. Pidió lo necesario para la construcción de un fuerte y allí mismo ubicó cada cañón. María Sáez, su esposa montevideana, allí fue, a vivir con él. En meses, las islas contaron con  unas ciento treinta familias radicadas. Lo producido era trasladado a Buenos Aires y a otros puertos. Las Islas Malvinas, inspiraban prosperidad.

Los problemas comenzaron cuando los navíos norteamericanos e ingleses en su mayoría, y de otras banderas, cazaban y pescaban indiscriminadamente y se negaban a pagar el derecho de anclaje que Vernet insistía en cobrarles. En 1831, en el mes de agosto, Vernet no teniendo más opciones, capturó la Goleta Harriet, incautando su cargamento. En nuestro continente, Norteamérica mediante su cónsul desconoció cada derecho argentino, y antes de fines de ese año, la corbeta de guerra USS Lexington, llegaba a Puerto Soledad, Sillas Duncan la comandaba. Destruyeron media isla, y tomaron prisioneros a los pobladores, llevándolos a Montevideo. En 1832 Francis Bayles, responsable de Negocios de Estados Unidos en Argentina desautorizó a Vernet y pidió la entrega de los bienes que había capturado, y como si fuera poco, desconoció los Títulos Argentinos sobre las Islas y exigió una indemnización para su país. Era norteamericano, no inglés. Rosas, le entregó su documentación estadounidense, y lo hizo salir de Argentina, declarándolo “persona no grata”. En 1833,  Vernet fue reemplazado por  José Francisco Mestivier. Luego fue el turno de José María Pinedo y allí mismo, al poco tiempo de ser gobernador argentino en las islas, el capitán John James Onslow arribó al frente de  embarcaciones británicas, invadiéndolas. Atacó Puerto Soledad. Ahí es donde entran los ingleses. Vernet murió en 1871, y no regresó a las islas, políticamente fue impedido de hacerlo. Había dado demasiado.

No sería honesto, pasar por alto aquí, la resistencia que se libro sobre Malvinas en el año 1833, cuando los gauchos que la habitaban y habían acompañado a Vernet, enfrentaron a los colonizadores. Los mandaba el Gaucho Rivero. No contó con ayuda del continente, donde políticamente se libraban otras batallas, Rosas aun no lograba ser el caudillo que sería años después, y por esos largos meses hacía poco había terminando su primer gobierno, en 1832,  no quiso la reelección. Y decidió avanzar a la expedición del desierto. En las Islas, Rivero sigue solo con un puñado de hombres, y enfrenta a los ingleses, es el 26 de agosto de 1833. Hay sequía en Buenos Aires, y la casa Baring exige el pago del crédito de 1824 que pidiera Rivadavia. Con Rosas de Campaña, su mujer Encarnación Ezcurra le escribe a su marido desesperadamente, porque algo se huele, algo se viene encima, no se equivocaba, era la Revolución de los Restauradores.

En Malvinas, Onslow deja al mano al irlandés Williams Dickson y parte hacia su país. Antes le encarga  a Dickson que suba la bandera inglesa cada vez que un barco se acerque.

El 26 de agosto, el entrerriano Antonio Rivero con ocho hombres que no sabían leer ni escribir, atacan el establecimiento central, matando a cinco colonizadores, entre ellos al mismísimo irlandés Williams Dickson, que además era el encargado de la proveeduría, y a Simón, el capataz que había tomado partido por los ingleses. Después bajaron la bandera inglesa y subieron la argentina. Los moradores de las islas, en las semanas que siguieron, se desbandaron primero y después se fueron acomodando. Los ingleses y quienes los apoyaban, un grupo muy reducido, se instalaron en lo que llamaron el Islote Peat. Así convivieron, sin molestarse, hasta que cinco meses después, en enero de 1834 vieron las velas de las embarcaciones.

Las naves de su majestad regresaban. Los gauchos resistieron mientras se iban internado en las islas, pero los ingleses recién llegados eran numerosos. Aun así, crearon expediciones para enfrentarlos e ir a buscarlos. Cuando los capturaron, los trasladaron con grilletes en los pies hasta Inglaterra para juzgarlos. Pasaron semanas, y el ministerio inglés, aconsejó que fueran liberados, pese a la insistencia de la armada. Finalmente los embarcaron hacia Buenos Aires.

Aquí se extravía para los historiadores (yo no lo soy), la documentación acerca de Antonio Rivero. Aunque algunos insisten en que tiempo después perdió la vida peleando para la  Confederación, en la batalla de La Vuelta de Obligado.

Regresemos a nuestros días. Interesar a la ONU, con que algunos argentinos vivan en Malvinas, no es descabellado. Un derecho nos asiste si persistimos en los sucesos de dos siglos.

Así y todo, va a costar. La pregunta es, de tanto desocupado, de tanto idealismo, de tanta marcha, de tanto argentinismo en definitiva, y superados los obstáculos legales que deberían prosperar por cancillería;  ¿Quién se anima? ¿Quién quiere de a poco ir poblándola como hizo Luis María Vernet, dejando todo de sí mismo, hasta que le retiraron el apoyo continental desde estas tierras? ¿O como lo hizo Rivero y su peonada, pero esta vez, civilizadamente y construyendo? No son inglesas, nuestras islas.

Somos cuarenta millones en un territorio generoso de provincias vacías, y todavía, nos faltan las Islas  Malvinas.

Es una alternativa política y social válida desde la estrategia, pero solamente un gobierno puede iniciarla. A otros les tocará analizar los intrincados laberintos legales.

YAYO HOURMILOUGUE.

LA 5PATA

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Post Author: Editor

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